El auge de los biocombustibles se afianza en Santa Fe

Con cualidades como la reducción de hasta un 30 por ciento en la polución, el biodiesel se plantea como la alternativa más plausible a la hora de suplantar las energías fósiles, mientras la fecha de caducidad de las mismas no se extiende más allá de tres décadas. Santa Fe propone avanzar en este mercado, mientras el presidente del INTI, llama a atender los límites del sector.

El gobernador de la provincia de Santa Fe, Jorge Obeid había manifestado hace unas semanas su intención de instalar en la provincia un centenar de empresas para “que desde Santa Fe se inicie la producción de biocombustibles en el mundo”. En el acto inaugural de una planta de este tipo en Salto Grande, el titular del Ejecutivo territorial indicó, “nosotros tenemos la gran posibilidad de producir el cambio que recién empieza de los combustibles fósiles a los de origen vegetal”. Acotando que Santa Fe es una de las principales productoras de alimentos en el país y en el mundo, ahora se enfoca la atención en convertirse también en una de las principales “productoras de combustibles”.
A raíz de este planteo y del fenómeno global que está produciendo la promoción de este tipo de emprendimientos, lo consultamos con una de las personas más comprometidas con la causa y con años de relación con biocombustibles, como es el titular del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Ing. Enrique Martínez. “Desde el INTI, nosotros creemos que la tierra, a diferencia del cerebro humano, es un bien es un bien absolutamente finito, no se puede ampliar, por lo tanto tenemos que tener una mirada de largo plazo sobre el uso que le damos a la tierra”, esta afirmación da lugar a un explicación interesante que llama a la reflexión, tanto para la explotación destinada a los biocombustibles, como otras áreas.
“La tierra no se puede usar para hacer negocios meramente, se tiene que utilizar como un sistema, pensado en producir bienes que mejoren la calidad de vida del conjunto, el bien esencial son los alimentos. No cabe duda que desde hace muchísimos años, desde hace generaciones se ha usado para otras cosas, como para producir algodón o una cantidad de elementos que no son exactamente destinados a la alimentación y eso está bien, incluso hay todo un desarrollo del maíz para producir materias químicas para medicamentos o para sustitutos del plástico que nosotros lo consideramos bienvenido”.
Más allá de estas explotaciones que diversifican el origen del trabajo del suelo, el titular del INTI sostiene “el problema es cuando la tierra se piensa dedicar a nuevos usos, no sólo biocombustibles sino cualquier otra cosa que aparezca en el futuro, en términos de millones de hectáreas en el mundo, reemplazando usos tradicionales”. Aquí se abre un posible debate, que Martínez enumera de la siguiente manera, “primero, si los usos tradicionales son satisfechos, o sea si no se va a afectar su producción; y segundo, si aparece una relación económica independiente en los nuevos usos que no genere nuevas dependencias; y si resuelve el problema que pretende resolver”.

Tendencia

Puede que sean las tres décadas que restan de combustibles fósiles para y en todo el planeta, las que apuren la búsqueda de nuevas energías, pero lo cierto es que la necesidad se plantea como inminente, sin embargo hay que esbozar un balance de costo beneficio en esta intromisión en nuevos horizontes.
”Los cultivos energéticos pensados como cultivos para exportar, no resuelven el problema del área en la Argentina, sino que agravan la situación de la energía; y en el caso del biodiesel hay algunas alternativas interesantes, porque en el caso de la soja se utiliza solamente el 20 por ciento del grano y el otro 80 por ciento queda como harina proteica que puede seguir teniendo el mismo uso que hoy, pero no pensamos que esa sea la gran panacea económica de una región”, avanzó el Ing. Enrique Martínez. Seguidamente sostuvo, “en realidad a mi me entusiasmaría que los hombres de gobierno discutan qué hacer con el 80 por ciento de la harina de soja, las formas de utilizarla para producir muchos más pollos, más leche, más carne vacuna, antes que discutir cómo hacer combustible para los vehículos a partir del 20 por ciento del grano, desplazando la producción de aceite”.
Con vasta investigación en los biocombustibles, el presidente del INTI afirmó “se está siguiendo una moda que es peligrosa, porque para el biodiesel hay alguna alternativa, pero para el bioetanol estoy completamente en desacuerdo, por ser ruinoso desde el punto de vista económico y agrotécnico; y no hay ámbitos lo suficientemente sólidos para discutirlo, ya que se lo trata como negocios”.
El debate está a tiempo de ser desarrollado, con el impulso creciente de los precios a nivel global en el maíz y la soja, debiendo avanzarse para no hacer corto un camino que puede generar nuevas industrias y beneficios, siempre y cuando no se lo tome como un mero negocio. Sin embargo, Martínez mira hacia Santa Fe y advierte, “no contradigo el planteo del Gobernador Obeid, porque si se hacen plantas de biodiesel orientadas al mercado interno, con mucha prudencia y sólo algunas orientadas a la exportación, pero reconociendo que es mucho más importante desarrollar el uso de la harina proteica que del aceite, estaríamos de acuerdo. Ahora si creemos que con el biodiesel vamos a darle un horizonte de riqueza a la región, nos equivocamos, porque vamos a estar concentrando la economía más de lo que ya está”.

Impulso santafesino

“En la provincia el tema de biocombustibles avanza a pasos acelerados, fundamentalmente la actividad privada y la actividad pública cuando se dan estos arranques trata de acompañarlos y después, a veces se queda un poco atrás. Pero creo que en esto la provincia, el Ing. Obeid, propuso la fijación de algunos lineamientos, cuando vio el movimiento y así acompañar a los privados”, la referencia oficial la hizo el ministro de la Producción, Roberto Ceretto, en diálogo exclusivo con este medio. Lo cierto es que las grandes aceiteras que desean involucrarse en esta novedosa producción no precisan del aval de Santa Fe, pero en lo que más influye esto es en la producción para el “autoconsumo”, lo cual se aplica para “los productores que tienen una extensión de campo adecuada, que parte de su producción oleaginosa la transforman en biodiesel, tal como se dan las experiencias actuales; y lo usan para su movilidad. Después hay grupos de gente, como las cooperativas que producen para su consumo”, segmenta el funcionario que a la vez detalla que en la actualidad solamente están registrados para la exportación los grandes productores, ya que aún quienes emplean sus cosechas para consumir en sus maquinarias “con el tiempo irán avanzando en esta experiencia interesante e inédita que recién recorre sus primeros pasos, pero se va ir generando una actividad económica muy importante, que involucra a toda la actividad productiva y cerealera, según el tipo de biocombustible que se produzca, pero es una manera de agregar un eslabón más a la cadena de valor”.
Tal como reveló Ceretto, “informaciones informales, indican que gran parte del aceite que sale del país, se transforma en biodiesel en Europa. Por lo tanto, no veo por que no se puede hacer esto acá, añadir valor a las oleaginosas y poder sacar este producto desde acá, en definitiva es nuestra responsabilidad agregar valor a todo lo que se exporta”, por lo tanto Santa Fe extiende créditos a tasa cero para todos estos proyectos, a través de la cartera productiva.^


Elida Thiery

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