“No se acabó el problema de la erosión con la siembra directa”

Especialistas de la Asociación Argentina de las Ciencias del Suelo, remarcaron la importancia de seguir devolviendo al suelo nutrientes y cuidados, para evitar el agotamiento de la tierra en todas sus fases.


Esta semana, en ocasión de inaugurarse el Arboretum de plantas naturales en Rafaela y conjuntamente el monumento al suelo, estuvieron de visita en la ciudad el Dr. Diego Cosentino, Ing.Agr, profesor de la UBA, miembro del Conicet; y el Dr. José Luis Panigatti, Ing. Agr. con doctorado en suelos, ambos integrantes de la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de las Ciencias del Suelo.
La entidad que cumplió en 2010 50 años, es una sociedad científica, sin fines de lucro, con miembros diseminados en todo el país, que incluye a técnicos, especialistas y personas dedicadas al estudio y protección del suelo. “Uno de los objetivos más importantes de la Asociación es llevar a la comunidad a la toma de conciencia sobre qué es el suelo, lo que nos da la riqueza como país” explica Cosentino, basándose en la idea de desarrollar los conocimientos y a la vez difundirlos de maneras diversas y didácticas. El otro aspecto fundamental que se plantea la AACS es que a esa comunidad que le llegan los conceptos, se ponga en contacto directo con este aspecto que sustenta la vida, ya que “solamente a partir del conocimiento es que uno puede respetar al suelo”, apuntando a todos los niveles de educación, sobre todo en escuelas primarias y agrotécnicas, con el aporte de bibliografía y materiales.
Estas acciones consiguieron que, a través de una estampilla del Correo Argentino, la entidad pueda difundir de manera concisa y gráfica las consecuencias de la erosión, tanto eólica como hídrica, que sufre el suelo, lo cual genera un poco más de contacto y conciencia que hace varias décadas atrás.
Mucho de este raciocinio aplicado al suelo se le debe en la parte productiva al avance de la siembra directa, pero esta técnica no evita la constante erosión y se precisa mucha más atención. “No se acabó el problema de la erosión con la siembra directa”, afirma Cosentino.
“El suelo al no estar más desnudo, como antes se hacía y a pesar que en muchos lugares se siga produciendo de manera tradicional más allá que seamos el tercer país del mundo en aplicar este sistema, se ha disminuido la erosión, mejoró la conservación de la materia orgánica y sus elementos fundamentales”. Lo que este científico asegura es que “faltan muchas cosas”, ya que “hay todavía una ecuación muy negativa en cuanto a los nutrientes, en la cantidad que sale a través de cereales y oleaginosas; y lo que reingresa”. En tanto, “por la agriculturización que se está produciendo, por el corrimiento de las fronteras de la agricultura, con un predominio de la soja hacia las zonas sub-húmedas y semiáridas, lleva consigo una pérdida de biodiversidad, al eliminarse por ejemplo, los montes, añadiendo que como hay un alto control en cuanto a las malezas, se da una homogeneización del paisaje”, acotó Panigatti, quien apuesta a que “de la rotación que podemos hacer entre soja, maíz, trigo, metiendo gramíneas para que le den cobertura, materia orgánica al suelo”.
No es ir en contra del cultivo, sino aconsejar sobre ciertos manejos. “Estamos convencidos que el gran demonio no es la soja, si no la forma en la que nosotros tratamos al cultivo. Evidentemente si nosotros queremos un esquema de soja continuo, va a ser muy negativo, lo cual es un consejo agronómico muy antiguo, para evitar la pérdida de biomasa”, entre otros aspectos según revela Cosentino. Estos puntos son fácilmente minimizados a través de la tecnología y los diversos manejos.

SERIE RAFAELA
Hace unos dos años, el Dr. Panigatti fomentó mucho la sanción de una ley de protección del suelo en la Provincia, para promover la difusión de los conocimientos, apuntando principalmente a establecimientos educativos. “En uno de sus artículos se determinó que el suelo insignia de Santa Fe es el de la Serie Rafaela, que incluye los cinco factores de formación”, partiendo de su origen pampeano, con una topografía plana, clima templado-húmedo, biota modificada por los cultivos y una edad que se acerca a los cinco mil años, por lo tanto es el ser viviente más antiguo de la Provincia, con muy pocas limitaciones y alto nivel productivo, lo cual de alguna forma empuja el avance de la región, diferenciándola del resto, por su madurez y fertilidad.
De esto se trata el monumento que se habilitó en el Arboretum, por su predominación en el Departamento Castellanos, por lo tanto, al ser el tipo de suelo más estudiado se lo tomó como eje del territorio que también incluye otros suelos más áridos y algunos que tienen una mayor seguridad climática, como en el sur.

ALTERNANCIAS
Las diferencias climáticas que se presentaron en los últimos años, tocan los puntos más sensibles de la condición del suelo. “Los suelos pueden comportarse de maneras muy diversas. En La Pampa, al ser muy arenosos, por ejemplo, están muy sujetos al acontecer climático, porque no tienen la capacidad de retener el agua. En cambio, suelos como el de Rafaela, o los que han sido más protegidos por el hombre con la siembra directa, tienen la capacidad de soportar cambios climáticos más marcados, lo cual hace más rico a un suelo por su alta proporción de materia orgánica, limos, arcilla y minerales. Por supuesto que ante una sequía grosera, no hay suelo que soporte”, sostuvo Cosentino, mientras que Panigatti añadió que con el caso de la inundación al inicio de los años ´80, se salinizaron los suelos, con un posterior lavado natural.
“Con el cambio climático se presentan nuevos problemas, como es el caso de la intensidad de las lluvias” más allá de los acumulados totales, los números de cada episodio, lo cual daña de manera importante al suelo, lo cual requiere mayor monitoreo y prácticas de conservación, que pueden estar orientados por ingenieros agrónomos, e incluso a través de profesionales del INTA, lo cual puede ayudar a prevenir y revertir los procesos que no excluyen procesos de fumigación y aporte de nutrientes como el nitrógeno, el potasio, e incluso el azufre.

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