La forma de cumplir el PEA es la gran incógnita rural

Así lo manifestó el presidente de Coninagro, Carlos Garetto, a LA OPINION, luego que el lunes se presentaran los objetivos del Plan Estratégico Agroalimentario a 2020, por parte del Gobierno Nacional.


Por Elida Thiery - El Plan Estratégico Agroalimentario surgió como un nexo forzado del Gobierno con el campo y a un poco más de un año de haber sido mencionado por primera vez, no puede romper con esa asociación.
Sinceramente es un listado de objetivos demasiado amplios, sin profundización, que están surgidos del seno del Ejecutivo, tal como se habría anticipado desde estas mismas páginas el año pasado, aunque se aluda al aporte de 45 universidades, cámaras empresarias, provincias, municipios y organizaciones rurales y sociales. En ese momento se hacía referencia al sector lechero, ya que esta herramienta oficialista pretendía superponerse al intenso trabajo que el Plan Estratégico de la Lechería viene haciendo hace años y proyecta llevar a 18 millones de litros de leche el total nacional que hoy ronda los 11 millones. Esta exposición del caso no había agradado a ciertos funcionarios, sin embargo nunca se pudo deshacer esta idea ya que por ejemplo, los dos encuentros que hubo en nuestra ciudad respecto al PEA, no fueron para aportar ideas o conceptos, sino para escuchar un lineamiento rural del partido del Gobierno. Así sucedió en el resto del país y en las reuniones llevadas a cabo, donde por lo general lo que se hizo fue aceptar sugerencias prefijadas.
Sin embargo, hay que reconocer la intención de este Gobierno de pretender hablar del campo con agrado y no con gestos torcidos y desafiantes. Puede que en el imaginario oficialista haya ingresado la intención de dejar de confrontar con el sector que más le aporta divisas, ya que sólo con las retenciones a la soja se consigue el cinco por ciento de la recaudación nacional.
Fue así que luego de la suspensión del evento pre-eleccionario, en Tecnópolis, que oficia de nuevo escenario predilecto para todo tipo de acto de Gobierno, el lunes por la noche en una multitudinaria cena que sumó 1.700 invitados, fue la Presidente de la Nación la encargada de mostrar algunos puntos del Plan. En un discurso confuso, que mezclaba cifras de todos los sectores, con historias personales, apreciaciones desacertadas y demás condimentos, se rescató la principal idea, que es la de llegar a los 157,5 millones de toneladas de granos, lo que representaría un aumento del 58% frente a 2010, en 42 millones de hectáreas, un 27 por ciento más que ahora.
Se alardea con el crecimiento granario desde 2003, pasando de 70,8 millones de toneladas a los casi cien actuales, sin embargo no se entiende que la elección productiva responde a una cuestión de única alternativa rentable.
Es irreverente escuchar que se pida tan livianamente una cifra más alta como objetivo ganadero para dentro de nueve años, siendo quien lo expresa responsable directa de las decisiones que se tomaron contra el sector desde el año 2005, lo cual determinó una pérdida por muchos años irrecuperable del stock ganadero. Quizá sea porque quienes se habían opuesto en aquel momento a las medidas, hoy vuelven a estar del lado del poder, por diversos intereses. En definitiva, la señora mencionó que la producción de carne bovina, en tanto, mostró una suba del cuatro por ciento, de 2,5 a 2,6 millones de toneladas, desde 2002/03 a 2010, pero claro se intenta responsabilizar al corrimiento de la frontera agrícola sobre este fenómeno, enjuagando cualquier tipo de sabida responsabilidad detrás de cifras que para muchos suenan correctas, pero para el sector son dolorosas. Quiere llegar a los 54 millones de cabezas, es por eso que el ocho por ciento de expansión le parece poco, pero es lo posible si se tiene en cuenta un ciclo biológico de al menos tres años. Casi por detrás, para la lechería espera lo que el PEL sostiene, 18 mil millones de litros, con una expansión del 77 por ciento, que no sólo requiere de la tarea de los tamberos, sino también de la confianza inversora industrial.
Para concluir se entredijo que las exportaciones totales del sector agroalimentario y agroindustrial pasarían a 96.611 millones de dólares, con un incremento de 145% hacia 2020, mientras que la venta de manufacturas de origen agropecuario, llegarían a 64.200 millones; y las colocaciones de productos primarios crecerían un 80 por ciento, hasta 27.360 millones de dólares.

HERRAMIENTAS

Carlos Garetto, el presidente de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Cooperativa Limitada, en diálogo con LA OPINION describió el recorrido que tuvo el PEA en la entidad. En un principio lo habían cuestionado, porque se lo presentaba como un programa para resguardar la mesa de los habitantes de este país, una vez que esa figura se amplió un poco, el consejo directivo decidió comenzar a participar de algunos encuentros. “Lamentablemente, cada vez que queríamos hacer alguna sugerencia, alguna corrección no éramos tenidos en cuenta, a tal punto que dejamos de asistir”. Se llegó así a esta presentación, para la cual recibió Coninagro una invitación y se accedió a escuchar esta suerte de conclusión de una primera etapa. “Como objetivo en sí está muy bien el PEA, porque todo el mundo va a coincidir en las escalas y en la actitud, cuantificada como está. Lo que falta saber ahora es cuáles son las herramientas que va a adoptar el Gobierno para llevar adelante este programa con estos objetivos planteados”. He aquí el primer vacío visible de esta enumeración, donde las normas son las que aseguran el cumplimiento y aquí faltan, claramente.
“Evidentemente si en estos últimos ocho años no se han utilizado las herramientas adecuadas, que nos dejaron con menos trigo, menos vacas, una producción lechera estancada, entre otras cosas, es lógico que querramos saber cuáles son las herramientas de las que se van a disponer para llegar a 160 millones de toneladas de granos”. Garetto es muy claro, “esta es la gran incógnita, pero ojalá podamos encontrar allí los incentivos necesarios que planteen otra vez expectativas para el futuro y que otra vez podamos participar en ese paso, para contribuir a mejorar, a corregir, a transformar y modificar todo aquello que consideremos que es factible de llegar a mejorar”.
En concreto el deseo del ruralista es “que podamos aprovechar los pocos canales de diálogo que hay y que eso confluya en una coincidencia que pueda generar compromisos que permitan un nuevo marco de credibilidad, porque lo fundamental, lo que hace falta aquí es generar confianza”.
Claro que todas las últimas medidas expuestas en las cadenas nacionales no escapan a un simple objetivo electoralista. “Esta claro que el Gobierno está haciendo de esto un acto proselitista, que más allá de querer consolidar su modelo, hay que avanzar sobre las correcciones necesarias para poder alcanzar los objetivos planteados”. Sin dudas hay que incentivar a la producción y no necesariamente con dinero, sino dejándolo trabajar, permitiendo que se venda el trigo, el maíz, que se le mejore el precio de la leche, que se atienda a las economías regionales, e incluso recuperar las 12 millones de cabezas de ganado perdidas. “Todo eso es lo que falta poner arriba de la mesa para que se reinvierta, se arriesgue y que con confianza los anuncios se conviertan en realidad”, apuntó Garetto.
Sin hablar de rupturas sectoriales, el titular de Coninagro supo no salir del análisis político y de la influencia electoral en esta transición, sobre la cual “el sector rural tendrá que adecuarse con sus reclamos a un nuevo tiempo político, que esperamos que no sea el que ya nos tocó vivir, sino que sea de consenso, de diálogo y armonía, para encontrar las respuestas que el sector reclama y el pueblo argentino necesita”, concluyó.

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