Restricciones agropecuarias deberían pagar el lucro cesante

Esta es la idea que tiene un productor e influencer natural del campo argentino conocido como Bumper Crop. Prohibiciones caprichosas que obligarían al sector agropecuario local a cambiar de actividad tienen un costo económico que debe ser afrontado por quienes las promueven. 

Por Elida Thiery (Rafaela Noticias) - En estos meses, a las cuestiones rurales que están supeditadas al efecto de “La Niña”, a los vaivenes de las retenciones y el apuntamiento de nuevas imposiciones, en Rafaela la preocupación de muchos productores se sitúa en la posibilidad de tener que considerar un cambio en sus actividades, ligado esto a una idea que sobrevuela sobre la intención de correr el límite periurbano de 200 a mil metros. 

Si bien aún no hubo una presentación formal de un proyecto de ordenanza, ninguno termina de entender cuál es el sentido de esta idea sin haber conflictos que la desaten. En esta circunstancia decidimos hablar con un referente del mundo agropecuario actual, que a través de la red social Twitter se manifiesta sin prejuicios y con la bandera del campo en alto. 

Conocido como Bumper Crop, este usuario que utiliza para identificarse la expresión inglesa para una cosecha abundante es realidad José Alvarez, el que no escapa a ninguno de los debates que rondan al sector agropecuario y siempre con fundamento y conocimiento. Tiene tierras en la zona de Necochea, Tres Arroyos y Rojas, hoy con trigo, cebada, rye grass, pero también soja y maíz, tiene una actividad similar en el centro de Illinois, en Estados Unidos. 

“Para mí la solución a los principales problemas que tiene la gente es la educación. Si bien desde el otro lado los mensajes siempre están muy orquestados, la mejor manera de contrastarlos es brindando información y compararlo con lo que pasa en otros países, donde ahí las cosas funcionan y acá no. Lo cierto es que la verdad no debería resultarle incómoda a nadie”. En territorios más desarrollados, como Japón, Suiza, o Estados Unidos se usan los mismos productos que en Argentina, en mayor cantidad, las personas están más cerca de los predios de producción y no existen los cuestionamientos sobre las aplicaciones. 

“Lo que preocupa en nuestro país es los que está probado que funciona y no pasa lo mismo con la gente que está en los asentamientos y camina arriba de la basura y al lado de las ratas”. 

Bumper Crop explica que la pelea de la concientización que tiene que hacer de manera constante el campo “es una necesidad, porque si esto se termina de arruinar, lo único que nos queda es irnos del país, pero eso nos va a resultar más caro a todos que por lo menos dar el debate sobre las cosas que funcionan o no. La verdad es que cobrar impuestos a las exportaciones no funciona en ningún lugar del mundo, cuestionar a los insumos que permitieron que hoy se le pueda dar de comer a millones de personas en todo el mundo, tratar de ir en contra de la ciencia tampoco se hace en otros país, pero nosotros acá tenemos estos debates, lamentablemente tenemos que perder tiempo en esto, pero siempre será más caro no presentarnos a discutir estas cosas”. 

Con ideas muy firmes explica que “con la difamación del campo que hacen ciertos sectores políticos hacen más digeribles decisiones que siempre tienen relación con lo económico. Si se están cargando las culpas de un riesgo ambiental o de contaminación, por ejemplo, la gente que no está metida todo el tiempo en esto va a ver con mejores ojos que se ataque al campo, pero sin fundamentos científicos, sólo con el objetivo de hacerse de recursos que le pertenecen al sector”. 

 

¿Cambio de matriz productiva? 

 

De forma inédita es al campo al único sector productivo del país al que de forma constante se le cambian las reglas impositivas, de funcionamiento, e incluso al que se lo fuerza a modificar su sustento económico. 

“Lo que le molesta a muchos es la independencia económica del sector agropecuario, que además trae el 70 por ciento de los ingresos al país, entonces al ser libre económicamente el campo también lo es a la hora de tomar decisiones. No se puede coptar al campo, este es un sector esquivo porque se mantiene a sí mismo, paga el 80 por ciento de lo que genera en impuestos, aunque se debilite su capital, que no puede renovar la maquinaria al ritmo que debería por todo esto, debilitando a otras empresas que deberían poder dar más trabajo, e incluso la incorporación de tecnología se da de forma más lenta que en otros países con este nivel de productividad”.  

Esta irritación de determinados sectores políticos no encuentra justificación suficiente. Forzar el cambio de una matriz productiva es irracional, sobre todo si se habla de la producción de alimentos, algo tan mal repartido en el país, no por culpa de los productores sino de la propia política, pero tan bien generado desde el campo. 

“Si alguna alternativa productiva fuera económicamente rentable o conveniente no haría falta forzar a nadie, la gente sabe lo que le conviene sobre su capital y el trabajo que hace con el”. Este productor es muy claro, “si alguien quiere prohibir algo lo primero que tiene que hacer es calcular el lucro cesante que va a producir con esa decisión. Además de encontrar un justificativo con sustento científico que avale una prohibición, se tiene que explicar de dónde se va a sacar el dinero para pagar el daño que le van a producir a la gente afectada por una decisión, a quienes no se les puede probar que estén produciendo un daño”.  

No hay ejemplos conocidos sobre la obligatoriedad de cambiar de actividad para alguna industria a la que se le haya comprobado una afección al medioambiente o a la comunidad en cuestiones sanitarias. 

Además, “deberían ser claros en cuánto le va a costar a cada contribuyente pagar por un capricho”.  

Bumper Crop indica que debería ser esto pagado con fondos de los funcionarios que avalen una medida restrictiva, o en todo caso por medio de un tributo individual, no general, “cada ciudadano que se vea beneficiado por una medida restrictiva debería hacer un aporte personal, independientemente de cuál sea su ingreso, para solventar el lucro cesante que le va a provocar a las personas que hoy están produciendo en el campo, cumpliendo normas, pagando impuestos y generando trabajo”. 

Hoy en nuestro país, “no hay mano de obra ni siquiera para hacer trabajos mecanizados, así que trabajos manuales o vinculados a lo que podría ser una producción orgánica, menos que menos, porque son manuales y desprovistos de tecnología”.  

Todo indica que “lo que se intenta es romper con la independencia económica del campo, porque el plan es generar una sociedad dependiente, que cobre subsidios estatales”. 

El crecimiento poblacional en el mundo precisa que se siga multiplicando la producción de alimentos, lo cual se logra a través de los métodos tradicionales, sobre todo en los países más poblados del planeta. El nicho de la comida orgánica, queda restringido para grupos pequeños de la población que son más pudientes y que tienen ingresos más elevados, ya que la producción orgánica supone costos más elevados que incluso llegan a duplicar los valores al consumo. 

Argentina se especializa en la oposición, en cada tema los debates excluyen, una opción contra otra, en vez de comprender que se puede coexistir, brindar alternativas que no dejen de lado actividades que son aceptadas en el mundo civilizado. 

“En Rafaela los 25 productores que se ven afectados de manera directa por esta idea deberían estar acompañados por el resto, porque si hoy la intención está sobre este grupo después se correrá hacia los demás. El tema es no ceder ante cuestiones que son inconsistentes y están reñidas con la razón, es una cuestión de principios”, concluye. 

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