Rumbo a Tasmania, con el desafío de producir alimentos

Martín Rostagno estuvo casi tres años recorriendo el camino de la lechería en Nueva Zelandia, con la capacidad que ser argentino tiene incorporada. Ahora empezará un nuevo trabajo en Australia, en un sector que con condiciones óptimas es atrapante y permite crecer.


Por Elida Thiery (Agrofy News) - Estuvo dos años y diez meses en Nueva Zelandia, haciendo un gran camino propio en lechería y por unas semanas está en nuestro país para prepararse ante un nuevo desafío porque Australia lo espera.

Martín Rostagno es ingeniero agrónomo, de la ciudad cordobesa de San Francisco, recibido en la Universidad Nacional de Litoral y logró transformarse en un especialista en el manejo de tambos en el país más competitivo del planeta en la materia.

Según él, cuando se fue conocía lo básico del tema lechero, pero en casi tres años ya es un referente que va mucho más allá de la cuenta de Instragram Hola Tambo.

Empezó en Wanaka, en la parte media de la isla Sur, siguió bajando hasta Dunedin, hizo otra escala en Ashburton, en la región de Canterbury, que es la cuenca lechera central de la misma Isla y después en su cuarto tambo se estableció durante 17 meses, en el sur de la Isla Norte, en la región de Wairarapa, a una hora de Wellington.

La lechería tiene el mismo fin en todos lados, pero claramente los principales competidores de Argentina tienen un ordenamiento que nosotros sólo podemos percibir a través de lo que cuentan quiénes lo viven. En Nueva Zelandia existe una suerte de carrera dentro de los tambos, donde ese escalafonamiento permite progresar, medir resultados personales y en definitiva fijar objetivos claros en lo personal y profesional, pero también en lo productivo.

“Hay jerarquías en el trabajo, empezando por el farm-assistant, que es quien hace tareas de ordeño. Después viene el gerente de rodeo que se encarga de chequear los animales. En el último tambo entré como subgerente, con una responsabilidad de dirigir el equipo de trabajo; y al poco tiempo llegué a ser gerente para hacer toda la planificación, el armado de dietas y toda la parte administrativa”, nos explicó.

Martín toma estas semanas en la cuenca lechera central como una oportunidad de recorrer tambos, de visitar amigos y de ver más de cerca la zona en la que se formó. La decisión de quedarse en Oceanía, pero mudarse a Australia tiene relación con la búsqueda de nuevos desafíos.

“Cuando yo me fui a Nueva Zelandia el plan era estar ahí un año nomás para después ir a otros países. Creo que el intercambio cultural abren mucho la cabeza, cambian la manera de pensar. Por eso tenía todo un circuito armado con Israel, Irlanda, Japón y Canadá”.

“Estaba creciendo mucho en Nueva Zelandia y si seguía una temporada más me iba a ir a un escalón que es ´contract milker´ que es una forma de asociarme, porque pagan un fijo por kilo de sólidos producidos entre 1,10 y 1,40 dólares neocelandeces para contratar personal, maquinaria, pagar impuestos y servicios y ya no me iba a ir más y por eso fue una etapa cumplida, porque después viene la etapa de comprar animales y son plazos de tres años y entonces decidí que era una etapa cumplida”.

La próxima etapa profesional lo espera en Australia, en la isla de Tasmania, a partir de una oferta de trabajo que encontró en Facebook, incluso en medio de un proceso que ya había iniciado en la búsqueda de trabajo en Canadá.

“Hice una publicación explicando quién era, que tenía experiencia en el manejo de animales y del pasto y que si alguien necesitaba un gerente o subgerente que me llamen. En dos días tuve 30 ofertas de trabajo, una locura”. Fue así que por cantidad de vacas y sistema de ordeño empezó a hacer un descarte de las propuestas, por lo que fue aprendiendo y sobre todo mirando la ubicación de cada tambo porque “yo creo mucho en el balance entre el ocio, el trabajo, el descanso, por eso quería no estar lejos de las ciudades. Buscaba otro salario y con los diez que me quedé tuve entrevistas para entender qué me ofrecían, si era salario y alojamiento o sólo salario, bonos, días de descanso”.

Martín todavía no conoce el lugar donde va a trabajar, “pero creo que elegí la mejor opción, porque uno de los motivos es que hay una argentina trabajando ahí desde hace tres años que hace la guachera, hablamos en el mismo idioma por lo que buscamos cuando nos vamos afuera, no por el español; y me dijo que era una gran oportunidad, porque el dueño del tambo tiene un premio como empleador del año en 2021 y con él coincidimos en muchas cosas”.

En un lugar muy vinculado a la naturaleza, con una población algo por encima del medio millón de personas, estará a cargo de tres tambos en una misma empresa, uno de mil vacas, otro de dos mil y otro de cuatro mil. “Voy a empezar por el más chico para ir pasando a los otros y si con el tiempo sigo en Tasmania y entusiasmado, la intención es que quede como gerente de los tres, con la posibilidad de comprar vacas”.

Estar en la lechería

Cuando Martín se fue a probar suerte, no tenía una raíz lechera, pero este es un ejemplo en el que se demuestra que el destino tiene sorpresas para todos.

“Cuando uno sale de la facultad sabe un poquito de todo, entonces sabía que me iba a especializar en lechería, nutrición, agricultura de precisión y agronegocios, por eso iba a pasar por varios países. Pero una vez que entré en la lechería me di cuenta que es tan amplio y es tan lindo que no me va a alcanzar el tiempo para abarcar todo”.

La lechería tiene un gancho que sólo los que están adentro lo entienden. “Me encanta, sobre todo por el desafío que tenemos de producir alimentos. Nosotros los agrónomos y todo aquel que está relacionado a la producción agropecuaria tenemos el desafío de producir alimentos y eso me motiva a elegir la producción lechera”.

Desde lejos las cosas se ven de otra manera.

“La impresión que yo me traje de Nueva Zelandia, puedo estar equivocado o no, es que no tenemos nada que envidiarles a ellos en cuanto a conocimiento, porque lo que yo recibí de la facultad fue muy superior a lo que tienen ellos. Las ganas de trabajar nos hacen más eficientes, porque quizá un tarea que hacen en dos horas, nosotros lo hacemos en 40 minutos porque siempre queremos más, tenemos una ambición que nos hace progresar”.

Evaluándose de alguna manera, “yo miraba las cosas de una manera integral, que es algo que ellos no hacen. Nosotros podemos ver pequeñas pérdidas que se tienen en un tambo y que ellos no ven, porque ellos nunca tuvieron las necesidades que acá si, no les falta nada”, la referencia incluyó ejemplos en el desempeño de empleados, combustible, el uso del agua, todos items que hacen a la sustentabilidad de las empresas.

Ese espíritu de supervivencia es lo que nos permite seguir adelante y por eso “podemos ser superiores, pero no somos ordenados como ellos. Yo cuando muestro las fotos de los camiones de acá estancados en los caminos de campo por el barro en un día de lluvia, no me lo podían creer, porque para ellos la infraestructura es algo básico, que no se discute, porque hasta en los lugares más recónditos hay rutas asfaltadas. Las condiciones de vida en el campo son muy buenas, la situación de los salarios, los descansos, las vacaciones”.

La desventaja del otro lado del planeta es que “los suelos no permiten hacer tanto suplemento o tantos cultivos, por lo tanto tienen que importar muchos insumos que rondan entre 600 y 700 dólares la tonelada, que son cosas que acá nosotros las podemos hacer”.

Rostagno entiende que las cosas funcionan mejor en Nueva Zelandia porque “ellos son ordenados, porque manejan todo los productores a través de cooperativas, de servicios, de combustibles, de insumos, de ropa de trabajo, además de Fonterra”.

Además “los números están abiertos, cualquiera puede ver las ganancias de cualquier productor y eso permite comparar, para mejorar por el beneficio de todos. No se si son más inteligentes, pero tienen más sentido común”, además de políticas que promueven la producción, que acompañan las necesidades de uno de los sectores más fundamentales de la economía, todo lo contrario de lo que sucede en este lado del mundo.

Los debates estancados de Argentina debilitan las fortalezas y también demoran avances que deberían estar ya por demás maduros.

“Por suerte el tema de los efluentes recién ahora en Argentina se está tratando, por ejemplo, mientras que allá es algo que está reglamentado hace muchos años y nadie lo discute, porque todo está regulado y el que trabaja mal paga multas y no hay excepción. A la situación de la lechería argentina hay que verla tranqueras adentro y tranqueras afuera, por lo que depende del productor, pero por otra parte por la infraestructura, el pago por calidad que sólo acá se discute y por mucho tiempo. Mientras acá seguimos esperando que las cosas se hagan, el mundo avanza y nosotros quedamos más relegados”.

Martín tiene una mirada muy interesante sobre la actividad, más allá de su propia experiencia, con una conciencia muy particular sobre el bienestar animal, la crianza de terneros, e incluso las innovaciones que se pueden aplicar con la tecnología disponible para tambos o la que se les puede adaptar. Es remarcable que fue él quien pensó la adaptación de los biodigestores disponibles para granjas porcinas a los tambos y que se instaló por primera vez en el campo que la familia Alquati alquila en Susana, Santa Fe, donde Agrofy News estuvo varias veces.

Claramente es el intercambio de experiencias, las tranqueras abiertas las que pueden hacer que la actividad no se contraiga, sino que se amplíe de la mejor manera y en todos los tamaños de producción que se proponen en las diferentes cuencas.

Las herramientas están, el conocimiento también y los recursos humanos con su gran capacidad, la clave está en poder ordenarnos y aprovechar las condiciones que nos favorecen como el suelo y el clima, a pesar de la falta de financiamiento y decisión política para el sector.

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