Según Rocío Acosta el día a día con las vacas es reconfortante, en una actividad que da oportunidades y que este 23 de febrero celebra a quienes la desarrollan.
Por Elida Thiery (Aire de campo) - Hoy a las 4 de la mañana, como todos los días, Rocío Acosta estaba en la fosa, ordeñando vacas. A la tarde a las 16 o 16:30 volverá a hacerlo, en una rutina que disfruta, que la conecta con los animales y que le permite desarrollarse.
Nacida en Galvez, con 38 años, si bien sus padres se desempeñaron en tambos cuando era chica, fue su relación con Fabián, que siempre estuvo en el sector, la que a los 17 años la devolvió al tambo, pero ya con la conciencia plena de una actividad que abraza en este 23 de febrero, día del tambero; y como cada jornada.
Siendo mamá de Maximiliano, “cuando mi hijo tenía cuatro años nos dieron un tambo para nosotros, éramos muy jovencitos, pero teníamos la experiencia de mi esposo y yo iba aprendiendo a la par de él. Hacía los típicos trabajos que hacen las mujeres, más que nada a hacer el tambo y atender los terneros. Pero en sí, la mujer tambera siempre hace lo que sea, lo que salga en el momento, una ayuda”. A veces ayudando en el tambo, su hijo de 21 años hoy trabaja en una fábrica de chacinados cercana, pero siempre está detras de “los fierros” del campo.
Apasionada por las tareas, cuenta que “hasta ahora lo único que no he hecho es desmalezar, pero después lo demás, manejar tractor, también lo hago, sé inseminar también, aprendí, hice un curso. Una va aprendiendo estando en el ambiente, estando en el campo, de repente aprendes a levantar celos, te das cuenta si una vaca no está de ánimo, si está enferma, que se aparta”.
Pasión y familia
En
medio de lo que propone un proceso biológico todos los días, “mi
día como mujer tambera comienza a la madrugada, nos levantamos los
dos juntos, hacemos el tambo, venimos a la casa, desayunamos y
después vienen los trabajos con los terneros, yo los tengo con
estaca, después una pequeña recría. Más tarde las tareas del
hogar, y después nuevamente a la tarde lo que es el tambo, Pero
siempre ayudo a juntar algún bollero, hoy secamos vacas, apartamos
vacas. El tambo tiene eso, siempre te sorprende con algo, nunca te
deja aburrir”.
Trabajando desde hace tiempo y muy a gusto en un
tambo de San Jerónimo Norte, en el límite con Santa María Norte,
ordeñan 85 vacas con un resultado de 2.100 litros diarios y no lo
duda, “estamos súper bien, felices de esta tarea, porque realmente
al que está en el tambo le gusta, porque si no es difícil de
soportar por ahí la tarea, que es una disciplina, es todos los días,
para no tirar la toalla”.
La
producción primaria más fundamental tiene directa relación con “la
pasión por las vacas, por los terneros, por la vida de campo, por la
vida en familia, porque eso es lo que tiene también el tambero, que
es una vida muy familiar, entonces eso te ayuda también mucho a
poder llevar adelante todo”.
Mirando
su día a día, explica que “los patrones míos vienen invirtiendo
un montón en el tambo. La rutina nos lleva una hora y media a toda
máquina, por eso cuando pienso en tecnología pondría retiradores
automáticos, porque trabajé en un tambo grande que tenía y es algo
que funciona muy bien. Pero otra cosa no, porque yo no cambio el
vínculo que uno tiene con el animal, a mí me gusta eso de estar
atrás de las vacas”.
Lo lindo y las sombras
Rocío
fue nominada en la categoría lechería, en 2023, de los premios Lía
Encalada de Mujeres de la Ruralidad Argentina. Cuando habla de su
trabajo destaca su gusto por estar cerca de los animales. “Lo que
más me gusta es lo que es la parte preparto y los terneros. El
proceso que hace la vaca cuando las pasamos al preparto, verlas cómo
van bajando ubres, cuando ya están por parir. Cuando las tamberas
lean esto van a saber que es así. Uno tiene como vacas preferidas
dentro del lote, entonces cuando vos sabés que van al preparto, las
empezás a mirar porque decís, ´bueno, pueda ser que para una
ternera también, que sea como ella´. Me gusta todo eso, desde el
preparto hasta que nace el ternero”.
En su sinceridad, “lo que
menos me gusta es esta época del año, el verano, sobre todo cuando
hace esos calores intensos y por ahí llueve y al rato te sale el
sol, y los pobres animales se meten en la sombra y hay barro, y
vienen embarradas. No me gusta estar renegando con las bicheras en
los terneritos.
Superación desde el campo
El
tambo desafía el físico y también la mente. “Cuando hay algo que
te gusta y te apasiona, los límites los podés vencer fácilmente.
Yo había empezado en pandemia a estudiar, había empezado el
profesorado en lengua y literatura, como las clases eran online, me
quedaba bien, yo hacía el tambo, venía enseguida y me conectaba a
las clases. Me iba muy bien, pero cuando las clases fueron
presenciales ya no pude, porque los horarios me coincidían con el
tambo de la tarde”.
“Entonces empecé a buscar carreras que
pudiera hacer online. Encontré psicología social y la verdad me
encanta”, dice ya recibida y sin ejercer aún, a pesar de tener
proyectos pendientes”.
“El
que quiere, puede, y siempre encuentra el momento. El tambo tiene esa
mala fama que te absorbe la vida y que vos no tenés otra vida. Eso
no es cierto, el tambo te da la posibilidad de que vos te puedas
desarrollar como persona en otras áreas”, teniendo en cuenta la
disponibilidad de un sustento económico que abre oportunidades.
“Una
de las cosas lindas que tiene el tambo en sí es la parte económica,
pero a mí lo que más me gusta del tambo es el vínculo que uno
puede hacer con el animal, sobre todo los que trabajamos en pequeños
y medianos tambos, que uno está bien cerca”. “La vaca es tan
noble. Justamente en esta época de calor, que se estresan igualmente
se ve el resultado en los litros en el tanque, ellas reflejan esa
nobleza en la mansedumbre, en cómo les gusta que las deje dormir en
la alfalfa sin que se empasten, sin ser mañeras, dejándose cambiar
de parcela con un chiflido, nos reconocen la voz, saben si no estamos
bien. Las vacas son increíbles y para mí lo más hermoso que tiene
el campo es el tambo”.
Complementando
la mirada más estructurada y técnica de los hombres, en el tambo,
las mujeres aportan “algo del institinto maternal”.
“El
amor siempre soluciona las cosas, siempre le encuentra salida a las
cosas. Nosotras adecuamos el tecnicismo que tiene el varón y le
damos la parte suave, la parte maternal, la parte linda, del amor,
del cariño, y complementamos el trabajo. Esta es una tarea difícil,
cansadora, rutinaria y si no hay amor no sé si se podría llevar
adelante”.
Rocío
reconoce todo ese esfuerzo que requiere, pero no duda, para ella su
trabajo “es hermoso, a mí me encanta, yo me enamoré del tambo”.

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