En lechería, Julio Cuadros plantea que se está frente a un cambio de lógica

Es asesor técnico de la industria láctea y a partir de un ensayo propio propone una manera diferente de ver a un negocio que tiene grandes posibilidades.

Por Elida Thiery (Aire Agro) - Durante años se escucharon siempre las mismas cosas sobre el sector lechero, entre reclamos y quejas, pocas veces se ofrecieron otras lógicas y mucho menos, con un nivel propositivo accesible y viable.
La producción láctea argentina atraviesa un momento que ya no puede definirse como crisis coyuntural, según Julio Cuadros, un asesor técnico de la industria láctea que se anima a plantear “un cambio estructural” que obliga a repensar la lógica empresarial y comercial.
A través de un material propio que difundió en el sector en los últimos días, explica que “cuando cambia la estructura, cambia la lógica; y cuando cambia la lógica, cambian las reglas”, advierte en un ensayo que escribió en los últimos días y donde vuelca la experiencia de 34 años andando por el sector, con todos sus contrastes.
Ampliando un poco los conceptos y en diálogo con Aire Agro, explicó que “en los últimos 20 años la lechería estuvo más supeditada a los dictados del Estado como principal interventor de la actividad, porque decían qué hacer, cuándo hacer, qué precio poner. Entonces el industrial o el sector perdió la rebeldía y perdió la impronta de generar cosas nuevas”. Debe estar ahí parte del estancamiento en las ideas, en las miradas y también en la conducción sectorial.
Debe ser el propio segmento productivo y empresarial el que se regule, el que afronte sus etapas a lo largo del año, pero también el que se proponga nuevos desafíos.
Volverse competitivos implica romper de golpe un montón de paradigmas que ya vienen instalados desde hace mucho tiempo y que hoy generan una inercia que es difícil de vencer”.

Crecer y hacerlo mejor

Repasa en el escrito que durante 2025 la producción nacional superó los 11.600 millones de litros, el 10% respecto del año anterior. Con un consumo interno estable en torno a los 185 litros per cápita, sin derrumbes estructurales, por lo tanto, el verdadero desafío aparece en el frente externo, ya que las exportaciones alcanzaron un récord de 425.000 toneladas por USD 1.690 millones, pero con una composición dominada por commodities como leche en polvo, suero y quesos estándar, mientras existe en ese estante una escasa presencia de productos de alto valor agregado.
Cuadros señala que el sistema industrial argentino aún no logra aprovechar integralmente los sólidos lácteos, lo que limita la competitividad. “Es inviable pensar en una lechería competitiva si no somos capaces de vender con valor agregado, por la totalidad de los sólidos que compramos”, sostiene.
Durante el Superbowl, en Estados Unidos se comen lo que equivale a tres días de producción en Argentina, eso nos demuestra que en el comercio internacional somos apenas una gota en el mar”. “Un par de puntos porcentuales más en exportaciones resolvería el problema, pero en el comercio internacional sigue siendo marginal”, por eso “el problema es 100% nuestro”, ya que “las ventas de exportación son ventas de saldo, de oportunidad. Hace mucho que no salimos efectivamente a vender afuera como sector”.

Pymes y oportunidades

El ensayo también pone el foco en las pequeñas y medianas empresas lácteas, atrapadas entre financiamiento caro, escasa diferenciación y dependencia de la rotación semanal de quesos blandos. Frente a este escenario, Cuadros propone una estrategia gradual que podría ser la generación de una o varias marcas regionales, centros comunes de fraccionamiento, fermentaciones propias y alianzas con la gastronomía como amplificadores culturales.
El horizonte es la consolidación de una identidad quesera diferenciada, con proyectos como el queso Olayón en Villa María, o también el Banquete de Tandil, pero entra en esta mirada el asociativismo como el de Sensaciones Queseras, un grupo de pymes villamarienses que supo complementarse para poder exportar.
Si queremos andar todos con el mismo auto, también tenemos que unificar el camino”, dicen en cuanto a las posibilidades de acceso al crédito, para las empresas de todos los tamaños, pero también con el 40% de margen informal que tiene el sector en todos sus eslabones, como sucede en toda la economía.
En su reflexión las preguntas incómodas que plantea Cuadros son directas. “¿Hay estrategia o solo esperanza?; ¿Cómo absorber el volumen creciente sin destruir precios?; ¿Puede una pyme competir únicamente por precio en un contexto de tasas reales positivas?”.

Diferenciarse para seguir

Son contadas con los dedos de la mano las empresas que cuentan la historia de su queso”, como una manera de ejemplificar la estandarización que tiene la industria actualmente. Claro que el límite en el bolsillo del consumidor es un tope ineludible, pero la propuesta apunta a la diferenciación de un mismo producto. “Son pocos los que no te venden el producto, te venden la experiencia”, tomando como ejemplo a los vinos que en una góndola y con un margen de precios similares, hacen que los elijas por algún toque particular.
El futuro dependerá de las decisiones estratégicas, como son la continuidad inercial, reconversión parcial, transformación cualitativa o ajuste brusco, pero siempre saliendo de una característica sectorial que debe superarse como es “el individualismo”.
Julio Cuadros propone repensar al sector, hacer críticas constructivas hacia adentro de la cadeba. “La única variable que todavía podemos decidir es si transformamos al volumen en valor o en conflicto”, la decisión está en cada pieza de cada eslabón.

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