Por Elida Thiery (Bichos de campo) - El 22 de abril de 2026 es la fecha del final de una historia que empezó el 17 de septiembre de 1938, con 16 cooperativas que llegaron a disponer de 14 plantas, siete mil empleados y un día procesaron seis millones de litros de leche. En una historia donde la capacitación al sector primario fue clave, el aporte a la calidad de leche y los primeros pasos en el bienestar animal hicieron la diferencia, marcaron emocionalmente a productores, profesionales y a los consumidores, que reconocen en la marca y los productos una calidad que no se afectó con treinta años de crisis.
Todo eso fue SanCor Cooperativas Unidas Limitada, un sentimiento al que le cuesta racionalizar que la quiebra determinada este miércoles fue la peor manera de encontrar un final.
Pero claramente nada termina aquí, sino que durante este jueves, el juez Marcelo Gelcich estuvo recorriendo plantas desde el miércoles por la tarde, donde no brindó toda la información de lo que estaba pasando al momento.
Lo remarcábamos ayer dentro de todo el detalle de la quiebra que tenía la resolución judicial, donde se ponía énfasis en que el síndico Ignacio Pacheco tendría 48 horas para informar al tribunal “la nómina del personal estrictamente necesario para la continuidad de la explotación y/o para realizar las tareas de mantenimiento y conservación para aquellos establecimientos que a la fecha de la presente sentencia no se encuentren en estado de explotación; debiendo indicar funciones, categoría laboral y efectiva prestación de tareas, de conformidad con lo previsto por el art. 189, tercer párrafo, de la ley concursal”.
Casi todas las plantas están sin materia prima en estos días, con episodios de interferencia en la llegada de leche cruda o salida de productos y así, los que no se incluyan en la nómina de fundamentales, “quedarán alcanzados por la suspensión legal de sus contratos de trabajo por el plazo de 60 días corridos”, siendo que “vencido dicho plazo la relación laboral quedará extinguida”.
Según pudo saber Bichos de Campo, el Juez remarcó que aceleró los plazos del proceso, ya que la asamblea extraordinaria formal del jueves próximo no tiene capacidad de modificar nada.
De todas maneras, podrían existir empresas interesadas en la compra de las seis plantas de SanCor, o en su defecto de particionarla, pero que su voluntad es que esto ocurra rápidamente, con intenciones de conseguir contratos de fasón que puedan tener operativas las unidades, al menos de forma temporal hasta la venta.
Sin embargo, hay un empoderamiento particular al gremio, ya que si bien es el Síndico el que tiene que pasar por cada planta para determinar a los “depositarios judiciales de la preservación de los bienes”, justamente harán esta tarea personas ligadas de forma directa a la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina y no necesariamente encargados habituales de las plantas.
Lo que sucedió en La Carlota, es que con la presencia por la mañana del Síndico en el lugar y el Juez el viernes al igual que en Devoto, se les confirmó a todos los empleados la suspensión por 60 días y de no reactivarse, aunque sea ocasionalmente, llegará el cesanteo del personal, con el pago de una indemnización al 50%. En la puerta de la planta ya hay un gazebo amarillo, con representantes de Atilra custodiando las instalaciones.
Esta situación pone a todo el personal en pausa, pero no evita los rumores de una idea de reducir de las 914 personas que se mencionan en la sentencia de quiebra, a un número que rondaría las cien personas, donde justamente estarían listados muchos de los conocidos como “asambleistas”, aquellos que habían participado de los bloqueos a SanCor entre 2023 y 2024 y que son fieles a las ideas del gremio, los que ya cumplen tareas de custodia por turnos.
Por lo tanto, las sospechas de una lista de fundamentales que ya estaba “cocinada” por el gremio, no estaría lejos de la realidad, mientras que la expectativa por una definición de un comprador, debe tener en cuenta la racionalidad de la ideoneidad del personal para futuras líneas de producción, pero donde el reparto de bienes y sobre todo de la marca será la clave de esta liquidación, para el pago de deuda donde los trabajadores están primeros en la fila.
Mientras tanto, las contradicciones en Atilra están a flor de piel. Siendo el gremio el que tuvo una reacción inédita celebrando una quiebra de esta magnitud, el miércoles Héctor Ponce declaraba que su entidad cuenta con “capacidad intelectual y formación suficiente para gestionar una empresa láctea”; ya que al dialogar con posibles inversores “nos saben responsables y prudentes. Saben que colaboraremos en todo lo que esté a nuestro alcance”.
En tanto, este jueves en una nota al canal NexTV, el Dr. Alberto Coronel explicó que “hay alguien que lo dice desde Rafaela, con una irresponsabilidad total, que Atilra quiere quedarse con SanCor. Atilra no se quiere quedar con SanCor, ni se quiere quedar con ninguna empresa. Yo tengo cuarenta y pico de años en Atilra y nunca vi a Atilra quedarse con ninguna empresa. De ninguna forma, ni está en la cabeza del Secretario General. Ponce ha puesto toda la voluntad y el apoyo para que esto salga adelante”.
Ese ímpetu quiza sea tanto que se llegó a este punto de haber forzado el final de los contratos de fasón, cuando se les pidió a las terceras empresas que sean responsables solidarios y paguen los sueldos; o tan así como para formar la Cooperativa de Trabajo Lecher@s Ltda., en diciembre de 2023, que por no cumplir con las exigencias formales sólo consiguió el retiro de la autorización para funcionar, con condición de irrecuperable en el INAES. De todas maneras, no le faltan estrategias al gremio para poder recuperar herramientas para que cumplan con los objetivos planteados.
Lamentablemente, es la gente, los trabajadores los que siguen quedando en medio de los tironeos, los incumplimientos, las deudas y sobre todo la angustia de un final largo, que comenzó hace casi 30 años y que tuvo en este último tramo las situaciones más complejas, aunque su final real aún está lejos de ser escrito.

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