En estos dos últimos meses el rompecabezas lechero cambió su conformación societaria, pero sin alterar el día a día de un sector con posibilidades de seguir creciendo, con mayor internacionalización.
Por Elida Thiery (Aire Agro) - El comienzo del año tuvo para el sector lechero argentino una serie de cambios de consideración en un mapa que siempre se parece a un rompecabezas. Modificaciones en la titularidad de las principales industrias, con un reposicionamiento en el podio de procesamiento de leche cruda, proponen un 2026 cada vez más desafiante.
Las tendencias globales no se pueden eludir en una Argentina que nunca deja de ser compleja y es así que el uno, dos y tres de las industrias no dejan de cambiar.
De Saputo a Gloria
Fue
de golpe el viernes 13 de febrero que se conoció la novedad que la
canadiense Saputo Inc. reconocía la venta del 80% de su operación
argentina, al grupo peruano Gloria Foods, por 630 millones de
dólares. Un achique accionario, que sigue la tendencia que habían
iniciado el año anterior en Nueva Zelandia, permite que la firma que
ya opera en Esperanza como Corlasa, y que era sexto con la operación
de más de 600 mil litros, avance de forma sólida hacia el número
uno del ránking diario, con un aproximado de 4,1 millones de litros.
La
transacción que incluye las plantas industriales de Rafaela y Tío
Pujio, con la fortaleza de la marca La Paulina, le dejará a Saputo
una participación minoritaria del 20% en el país.
Con
el liderazgo del ránking lácteo ya no más discutido con esta
fusión, como sucediera el año anterior, es que también se adelantó
una definición que se esperaba.
De familiar a multinacional
Fue
en el último feriado, el 24 de marzo, también como una sorpresa
pero más esperable que la anterior, cuando se desencadenó la cesión
del total accionario de Mastellone Hnos.
Arcor
y Danone, que tenían un contrato con la industria que principalmente
procesa los productos con marca La Serenísima, hicieron uso de la
opción de adquisición total de las acciones de la empresa que regía
desde diciembre de 2015.
Las
condiciones del acuerdo que terminó perjudicando a la familia que
dio origen a una de las empresas lácteas más importantes de
Sudamérica, siendo parte de los acreedores de categorías A, B, C y
D, junto al fondo de inversión Dallpoint, habilitando a avanzar
sobre el 51,3% de las acciones y esto se comunicó hace diez meses.
Con un tironeo basado en el valor que se pretendía pagar por este
paquete, es que el tema tocó ámbitos judiciales y terminó en lo
que se suponía que era la propiedad completa por parte de Bagley
Argentina, compuesta por las dos empresas mencionadas.
Claro
que el cambio de manos se hace con firmas que ya estaban en la
compañía, por lo tanto no habrá modificaciones en el
funcionamiento de las plantas, ni de los centros de distribución,
tampoco en la nómina laboral. Las modificaciones llegan con el
cambio de responsables máximos, e incluso la lógica de acceso a la
materia prima, ya que al momento Mastellone Hnos. compraba la leche
cruda para Danone y ahora deberá unificarse ese funcionamiento de
3,6 millones de litros diarios, sin repercutir en el vínculo con los
tambos.
Se
supone que como en el caso de Saputo, el resto del año servirá para
reacomodar piezas, mientras la cadena transita tiempos de calma
contradictoria, con un interesante volumen y negocios en la
exportación, pero con precios internacionales que no traccionan como
debieran y un consumo interno que no permite proyecciones optimistas.
Tres años para el tercero
A
este podio del rompecabezas se le puede agregar la operación que el
5 de abril cumple tres años y que fue la venta de la tradicional
empresa láctea familiar ilolay al grupo francés Savencia, de la
familia Bongrain.
Haciéndose
fuertes en Argentina a partir de las compras anteriores de Santa Rosa
y Milkaut, el movimiento estratégico llegó gracias al vínculo
previo de los franceses con la familia Williner, para subirse al
tercer lugar en el procesamiento de materia prima que defienden con
calidad y crecimiento, en la cartera de productos, con una nueva
imagen y también mayor impacto en áreas de mayor consumo.
Tendencia en alza
En
todos los casos, las transiciones se dan sin alteraciones en la
actividad cotidiana de las empresas, con complementaciones del
capital humano, sin despidos en la cartera laboral, sin cambios para
los productores lecheros, tampoco para los consumidores.
Es
entonces que dentro de lo que significa ser una empresa en Argentina
y del sector lechero, estas modificaciones societarias se pueden
interpretar como continuidades, actualizaciones de funcionamiento
cotidiano.
En
un negocio absolutamente atomizado como es el de la lechería, a
pesar de los discursos de años que intentaron indicar lo contrario,
en la industria como en los tambos hay un sesgo de concentración,
que no hace más que seguir una tendencia global.
En
la Argentina los tambos cambian de manos, muchos se acoplan, los
rodeos crecen y la producción de materia prima sigue una tendencia
en alza que es innegable. La clave para el eslabón primario no está
en producir menos para preservar el precio, sino aprender a negociar
por su producto. Crecer en calidad y sanidad es la clave de lo que
demanda el mundo lechero y desde acá tenemos que responderla.
En
las industrias, el mercado se reparte para las grandes y también
para las pymes, que son las que sostienen a la lechería como una
economía regional, con sus particularidades en cada cuenca.
El
sector tiene nuevas dinámicas, más tecnología y desafíos que se
renuevan, aunque siga vigente la rémora de un peso sindical que
además de influir en los costos, complican la adaptación ante las
nuevas realidades.
Pasó
un verano venébolo, que ahora encuentra en el inicio del otoño un
impacto de altas temperaturas que terminará de acomodar el
desarrollo de un año que no pierde la expectativa de ser más
promisorio que el anterior, en producción, ventas y consumo, pero
sobre todo en la apertura al mundo de más empresas, en más
mercados, con mayor volumen de producto y facturación.

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