Por Elida Thiery (Bichos de campo) - Como si la aguja fuera la deuda, el dolor de la pérdida.
Como si el hilo cumpliera el rol de los fondos salvadores, aunque turbios.
Como si los lienzos fueran las empresas lácteas.
Con esa imagen artesanal hay que representarse el panorama de tres empresas heridas de la misma forma, con un desastre en los mismos orígenes, desatinos e intervenciones similares y destinos que por pocos meses generaron diferencias, pero que ahora se podrían volver a reunir, en algo que está lejos de ser una pieza valiosa, se trata de una artesanía del desastre, donde el golpe de lleno lo reciben los trabajadores y los que se consideran creadores no son más que aquellos que ojalá no desprecien la oportunidad de intentar construir.
Contar hoy brevemente las historias de SanCor Cooperativas Unidas Limitada, de Alimentos Refrigerados S.A.; y de La Suipachense, lleva a próximo paso con apellidos conocidos, con intenciones sabidas y con mediadores interesados.
ARSA y La Suipachense fueron dos empresas lácteas que terminaron en la quiebra casi al mismo tiempo, dejando un saldo de más de 600 trabajadores afectados, además de un fuerte golpe a la cadena productiva, que a pesar de una paralización de unos dos años, fue más emocional que por los litros caídos.
En el caso de ARSA, el Juzgado Comercial N°29 de Buenos Aires declaró la quiebra en octubre de 2025. La firma elaboraba postres, yogures y flanes con la marca SanCor, pero arrastraba años de irregularidades, como salarios pagados en negro, aportes sociales incumplidos y promesas de reactivación que nunca se concretaron. Su administración pasó por fondos vinculados a Vicentín y finalmente por los hermanos venezolanos Manuel y Alfredo Fernández, también ligados a La Suipachense. La quiebra dejó más de 400 trabajadores sin empleo en las plantas de Arenaza en Buenos Aires y en la ciudad de Córdoba, con un proceso judicial que se encuentra en la definición de la verificación de créditos y ofertas para nuevos titulares.
La relación con Sancor vino con el fondo de inversión BAF, que es a partir de lo cual los frescos se terminan derivando por completo, con pérdida de calidad y mercado que hizo que el deterioro no sea sólo por gerenciamientos fallidos.
La Suipachense, que formalmente figuraba como Lácteos Conosur S.A. fue declarada en quiebra en noviembre de 2025 por el Juzgado Civil y Comercial de Mercedes. La empresa incumplió el acuerdo preventivo con acreedores y acumuló deudas con proveedores, una cesación de pagos superior a tres meses, pasivos de mil millones de pesos y cheques rechazados por más de 8.400 millones. También estuvo envuelta en polémicas como la venta de leche en polvo rehidratada en sachet, prohibida en Argentina.
La quiebra dejó a 120 trabajadores sin empleo y consolidó la caída de un proyecto que había sido presentado como salvación para la planta de Suipacha.
Ambos casos comparten un mismo trasfondo, malogrados gerenciamientos, gestiones empresariales fraudulentas, la administración de los hermanos Fernández y de alguna manera vínculos con Vicentín a través del fondo de inversión BAF.
En el caso de SanCor, quizá más conocido, el huracán destructivo que culminó en el pedido de quiebra hace poco más de un mes, tiene origen en una administración pésima, el despilfarro de fondos, el endeudamiento cíclico, pero también la intervención del fondo BAF Capital y Latam Trade Finance, que intervino en la compra de la línea de frescos para ARSA, que también puso directivos que venían de la fallida experiencia como operadores financieros de Vicentín y que no hicieron más que llevar al colapso a la empresa cooperativa.
Cerrado el Acuerdo Preventivo Extrajudicial y pagada esa deuda en 2015, la presencia de BAF sonaba como clave para encarar un proceso de saneamiento en la Cooperativa, planeándose en ese momento la reducción del plantel de trabajadores de más de cuatro mil a 1.800 empleados, siempre con aval gremial, que aunque se creció hasta 600 mil litros en febrero de 2020, el golpe laboral fue enorme y envalentonó la ofensiva que para fines de 2021 ponía a varios apellidos en danza.
Eran presentados en algunos medios como los salvadores, “empresarios reconocidos” que desde fines de 2021 comenzaron a operar para que el gobierno de Alberto y Cristina Fernández les den fondos públicos del Banco Nación, para hacer un gran negocio a través de un fideicomiso muy promovido por otras figuras políticas. Eso no resultó y José Urtubey, de Celulosa Argentina; Marcelo Figueiras, de Laboratorios Richmond; y algunos también dicen que el empresario de medios Gustavo Scaglione, quedaron en el camino.
Sin embargo, hay un dúo que sigue intacto en la intención y cuenta con el principal aval que necesitan en esto, el apoyo de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina.
Ya son muchos los rumores que hablan del reingreso en la escena de Leandro Salvatierra, como parte del Grupo Grassi y de Jorge Estévez, único empresario ligado al sector y que no pertenece en la actualidad a firma alguna.
Aunque la Nueva Vicentín atraviesa por estas horas el inicio de la definición de los jueces que revisarán la adjudicación de la cerealera, no cesa el objetivo de base, avanzar en el sector lácteo.
Fuentes sectoriales, operadores, incluso de la fuerza gremial cuentan sobre visitas de algunos referentes mencionados a las plantas, no sólo de SanCor, sino sobre todo de ARSA, aunque algunos no descartan las intenciones que podrían extenderse a La Suipachense.
El parentezco de la desgracia las une hoy a las firmas, con la anuencia gremial, esa que empujó las crisis, que hizo los listados de despedidos, pero sobre todo siempre tuvo en claro la ambición del poder, de sentarse en una mesa de directorio a conducir.
Ya hubo ofertas judiciales, que deberían analizar antecedentes y el inicio se podría dar desde la planta de Córdoba de ARSA.
Para el mismo trayecto en SanCor falta bastante del proceso formal, pero ya los rumores indican lo que anticipó Bichos de Campo. Con las plantas paralizadas, con 178 trabajadores incluidos en los esenciales para el gremio en las seis plantas (adeptos o irremplazables), de los 914 activos que había al momento del pedido de quiebra, son 736 los que quedarán despedidos, según lo dispusiera el Juez de la causa. Porque habrán pasado 60 días sin materia prima, para despedirlos a los que no fueron anotados y a partir de ahí, mágicamente aparecería demanda para hacer productos lácteos y en julio la leche cruda llegaría a las plantas, comenzando por Sunchales.
No es ingenuidad lo que hay detrás de todo esto, sino poder, temor, pero esta vez si, dinero, para pagar deuda, para convencer productores tamberos y para intentar hacerse de lo fundamental, la marca SanCor, que es lo que abarca tanta ambición.

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