Ante el silencio, trabajadores de Lácteos Verónica reclaman acción judicial

Sin novedad alguna por parte de la familia Espiñeira y con deudas salariales desde diciembre, no se resignan en sus derechos y se manifestaron frente a Tribunales de Rafaela.

Por Elida Thiery (Aire Agro) - En una manifestación más, desarrollada por los trabajadores, en medio de un silencio y paralización desesperante es que durante la mañana del miércoles frente a los Tribunales de Rafaela se hizo visible un grupo con carteles, donde la advertencia principal era la necesidad de cobrar los salarios y reactivar Lácteos Verónica.
Personal de las plantas de Suardi y Lehmann, también en representación de los de Clason, volvieron a mostrar la desesperación ante una indiscutible incertidumbre sobre la continuidad laboral.
Estamos reclamando querer cobrar lo adeudado de salarios, que son ya seis meses sin percibir un peso. Queremos que la Justicia haga su deber de una vez por todas”, expresó José, uno de los representantes de Suardi, aludiendo a una acción que no se agota en el cansancio de no tener respuestas, con la impunidad en la que la familia Espiñeira se conduce desde hace ocho años con deudas, con cortes en la cadena de pagos desde hace más de un año y sin ningún tipo de cumplimiento desde febrero, adeudando salarios desde diciembre.
En Suardi fueron 88 los empleados que presentaron un reclamo colectivo en el juzgado laboral de San Cristóbal. “Lo que queremos es la continuidad laboral, que la planta siga funcionando. Suardi es una localidad chica y el parate golpea muy duro. No hay circulante de dinero, no hay fuentes laborales para reinventarse”, explicó Gabriel, describiendo cómo sobreviven con changas y ayuda de familiares.
Nunca en mi vida, con 28 años de fábrica, pensé vivir esta situación. La malicia de esta gente no tiene nombre, no tienen piedad por las familias ni por los empleados que les hicieron la fortuna”, denunció a sus 61 años. La última vez que Alejandro Espiñeira se acercó a la planta fue en octubre, cuando aseguró que “la idea de la empresa era seguir, que no nos iban a soltar la mano”. Los trabajadores aseguran, “nos mintió descaradamente”, porque en aquel momento sólo Lehmann secó leche para terceros, contratos de fasón que incluso se incumplieron en gran parte por la falta de entrega de productos.
Lo que este grupo destacó que las tres plantas continúan operativas gracias al esfuerzo de los empleados. “Ingresa un litro de leche y funciona todo. No queremos bajar los brazos, pero exigimos que nos paguen lo que nos deben”, dijo José, destacando que este cuadro los está “matando psicológicamente, económicamente y familiarmente”.
La indignación crece al señalar que, mientras las plantas están paradas por falta de materia prima, la familia Espiñeira sigue adelante con su empresa agropecuaria lechera, entregando la leche a otras emrpesas, habiéndose hecho una división de la propiedad sin volcar fondos en Verónica, con una actitud controversial basada en una interna que termina afectando a proveedores y a unos 700 trabajadores.
Rumores de alguna negociación sobre parte de la deuda aparecieron en las últimas horas, sin embargo, como todo en este caso, no hay certezas reales.

El gremio sólo acompaña

Con una intermitencia llamativa en la participación y en la forma de reclamar por los derechos de los trabajadores, hace dos semanas la manifestación que se había hecho frente a la Secretaría de Trabajo en Rafaela, había visitado el frente de la seccional local de Atilra. Esta vez la convocatoria se dirigió puntualmente a esa dirigencia, lo que quizá haya motivado la entrega de algunos alimentos a las familias afectadas en las últimas horas.
Domingo Posetto, secretario general en Rafaela de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina, estuvo unos minutos en la manifestación y dijo que “los Espiñeira nunca fueron gente de palabra y menos lo van a ser ahora, cuando se han apoderado de las acreencias de todos los trabajadores y no se las están devolviendo. Brillan por su ausencia”.
Sin pedir por deudas ante el gremio, su mutual y su obra social por parte de la empresa, agregó que “lo triste es que los compañeros hayan perdido su pecunio para llevar los alimentos a sus hogares. Hemos tenido experiencias con otras empresas que cerraron, pero con Espiñeira es imposible, porque no les importa la situación de los trabajadores, ni de estas fábricas”.
El dirigente agregó que “es imposible hacer futurología con los Espiñeira”, mientras el gremio sólo se enfoca en reclamos que encabezan sus abogados para el pago de deuda salarial, que en muchos casos se tramitan frente a los Tribunales que sirvieron de escena en esta manifestación.

Firmeza desde la Justicia

En Argentina los delitos impositivos, los incumplimientos laborales no tienen condena y ese es el manto de impunidad que rige en este caso. Aunque es complejo un trámite Penal, esta manifestación sirvió para completar la firma de un petitorio, que se entregó en la Fiscalía Regional, con orientación en la criminalidad económica.
Pidieron con carácter de urgenete que se actúe ante “una profunda crisis de subsistencia”, para agremiados y no, por la destrucción de la “dignidad laboral” y la “asfixia” económica, por ser la Justica “garante de los derechos”.
Para esto se pide “firmeza” en el dictado de medidas cautelares, inhibiciones de bienes y embargos sobre la empresa y el patrimonio de sus titulares, con un criterio conjunto entre jurisdicciones, pero a la vez entre los diferentes poderes del Estado, reinando en los gobiernos locales otro preocupante silencio sobre el caso, no así en parte del Ejecutivo y Legilslativo provincial.
La sensación general es de abandono y de desgaste entre personas trabajadoras que reconocen que “nos están llevando al extremo de tomar acciones que no queremos. Si no nos escuchan, vamos a terminar bloqueando los tambos de esta gente”, advirtieron.
La espera se hace eterna, sin horizontes, respuestas y mucho menos salarios para aguantar un golpe cotidiano de crueldad empresarial.

La vida trastocada

El drama de las familias crece día a día. “Tengo una hija estudiando en Córdoba, medicina. Gracias a familiares y amigos la podemos mantener. Pero pienso en aquellas familias que tienen hijos chicos y a veces no hay un plato de comida para poner en la mesa”, dijo Gabriel, entendiendo que siendo trabajadores formales no tienen que mendigar salarios, sino estar activos y cobrarlos.
Para Luciana, una de las tantas mujeres que empujan y sostienen este reclamo desde el núcleo de cada familia, “nuestro caso en particular es vivir realmente el día a día porque nosotros tenemos un alquiler, la parte del sueldo fijo no está, así que estamos haciendo changuitas, porque lamentablemente él sigue siendo empleado de Verónica todavía”.
Ese vínculo laboral que no se rompió y se sostiene en expectativas es lo que sucede en cada hogar donde “estamos sobreviviendo pagando un alquiler y luz, nada más. Pero después atrás queda todo lo demás, que no se está pagando. Quedan bancos, quedan manutenciones, quedan un montón de cosas que no se están pagando y que tienen una cola de seis meses ya”.

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