Por Elida Thiery (Bichos de campo) - Eran más de 700 empleados, venían de ocho años de crisis, que ahora ya son nueve. En abril de 2025 dejaron de cobrar con regularidad los salarios y a partir de ese momento todo fue un caos. Con el sindicato siempre en medio, asegurando su beneficio primero y dejando de lado a los trabajadores, el caso pasó del ámbito santafesino a la Nación y de regreso. Logró hace un año un contrato pasajero de fasón por leche en polvo que no se terminó de cumplir y con eso se desvanecieron los pagos de salarios y la actividad.
La última vez que la gente cobró algo fue en febrero pasado y las deudas en los sueldos se remontan a diciembre de 2025.
Pasaron las protestas generadas por los trabajadores de la planta de Lehmann, los silencios de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina, pero sobre toda la impunidad de la familia Espiñeira y sólo se logró reactivar parcialmente la planta de Suardi, para pagar deuda pendiente con un empresario de la zona.
Poca gente trabajando y decenas de rumores durante meses que nunca lograron concretarse.
Sin embargo, este lunes por la mañana tuvo una novedad que a muchos les despierta cierta esperanza, no por la empresa en sí, sino por las personas que sufren hace años el desamenejo de una firma que pasó de procesar un millón de litros por día, a la nada misma.
El gerente de la planta de la localidad de Lehmann, a poco de Rafaela y en el centro de Santa Fe, convocó a los trabajadores que siguen ligados a la firma.
Sebastián Meyer llegó al lugar que luce abandonado, aunque con mejores condiciones que la planta de Clason, por ejemplo, para anunciar sobre un acuerdo de fasón, de producción para un tercero que podría reactivar pronto las instalaciones.
La intención es producir leche en polvo para la firma Santa Clara de Villa María. Un acuerdo que comenzaría a regir el 1° de noviembre, ya demandaría que el personal ligado a mantenimiento se pongan en marcha, para que al menos parte del personal comience con su tarea, teniendo en cuenta que una planta productiva involucra a varios segmentos de trabajo, más allá de la línea puntual, pero desde la seguridad en el ingreso, hasta limpieza y el área de comedor.
Sin embargo, esta primera reunión debió suspenderse hasta nuevo aviso, por una situación violenta generada entre un trabajador desesperado, con casi un año de deuda salarial y el Gerente.
Según pudo saber Bichos de Campo, hoy mismo ingresaría ya algo de material para ir alistando las instancias previas a la producción, e incluso en las próximas horas se podría dar una próxima convocatoria para generar una reunión donde realmente se aporten detalles de cantidad de personal beneficiado, formas de pago de salarios, información sobre deudas.
Pero lo más importante es que son los trabajadores de manera directa los que gestionan estas instancias, ya sin el gremio que los abandonó por completo en el medio.
Para muchos es una esperanza, una bocanada de aire que les permitirá tener un respiro, para otros suena a un nuevo engaño y para los que siguen esperando, en cualquiera de las tres plantas, un capítulo más de una agonía injusta.
Muchos trabajadores en estos meses pudieron conseguir otros trabajos, sobrevivir con emprendimientos y changas, mientras la familia Espiñeira sigue meditando qué hacer con su posesión, sin contemplar a las personas afectadas. La impunidad es judicial, porque jamás se ejecutaron pedidos de pago de deudas denunciadas, las múltiples quiebras; y mucho menos hubo intervención concreta de las carteras de Trabajo en las provincias o la Nación, haciendo cumplir la ley. La ausencia de ARCA y ANSES en el pedido de explicaciones de los pasivos también operaron para que esa impunidad crezca y se consolide.
Es por eso que esto que parece una oportunidad de fasón para Santa Clara, para muchos es una instancia más de desazón, en medio de tanta injusticia.
La expectativa no se apaga, ojalá en unos días estemos contando que la caldera volvió a funcionar y la gente volvió a trabajar, en un proceso que puede ser temporal, que no borra el cúmulo de delitos y omisiones de todos estos años.
La lechería argentina necesita producir más, mejor, recuperar capacidad de proceso y proyectarse al mundo, más allá de la demanda local, para que toda la cadena tengo un beneficio que no sólo es económico, sino también social.

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