Con un retroceso del 2,7%, el promedio por tonelada quedó en 4.143 dólares por tonelada promedio en el evento 402 de la subasta electrónica, siendo la segunda baja consecutiva; y en definitiva una tercera ronda de quietud si se tiene en cuenta el 0,01% de mediados de marzo.
El golpe más fuerte se sintió en las grasas, históricamente uno de los pilares de las exportaciones de Nueve Zelandia, con la grasa anhídrida de leche que se desplomó 9,6% (6.357), la manteca retrocedió 7,9% (3.850 dólares) y la mozzarella cayó 3,1% (3.850 dólares).
El producto que identifica al sector, la leche entera en polvo, que se toma como el commodity principal, tuvo una nueva baja con -0,6%, quedando en 3.666 dólares la tonelada, asemejando valores de febrero de este año y de comienzos de octubre de 2025.
En contraste, algunos derivados lograron sostenerse, como es el caso de la lactosa que subió 7,2%, la leche descremada en polvo 3,2% (3.448 dólares); y el queso cheddar 1,1% (4.798), aportando un matiz de estabilidad en medio de la tendencia negativa.
El encarecimiento de los fletes y la incertidumbre en los mercados de energía y transporte presionan aún más la competitividad de los lácteos en el comercio global.
Así, el mercado lácteo internacional atraviesa un ciclo de retroceso, con volatilidad concentrada en las grasas y tensiones externas que amplifican la caída.
Para la cadena argentina, el desafío será recalibrar estrategias de exportación, apostar por la diversificación y sostener ingresos en un escenario global adverso. Ante condiciones reconfiguradas que intenta imponer Brasil de muchas formas, forzando una denuncia de dumping, o con la prohibición de reconstitución de leche en polvo para la producción de lácteos, hay que empezar a mirar nuevos horizontes, para no acusar el golpe, si las restricciones se imponen.
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