Francisco Candioti es ingeniero agrónomo y productor en un tambo de baja escala. Desarrolló varias aplicaciones accesibles para colaborar con la producción lechera que pocos miran.
Por Elida Thiery (Aire Agro) - El apellido lo ubica a Francisco Candioti, en el pueblo más al norte de Recreo y donde su familia tiene un campo y que homenajea al gobernador homónimo.
Ingeniero agrónomo recibido en 1996 en la UNL de Esperanza, aunque comenzó trabajando en horticultura, estuvo dos años en Mendoza, siempre pensó en desarrollar un tambo en esa tierra, porque ese fue su trabajo final de grado y tomando como base una instalación que ya había hecho su tío. La idea prendió en la familia, por la inquietud de su papá y si bien “siempre fue un tambo chiquitito que eternamente estuvo arrancando, como todos los proyectos que se hacen con la plata justa o incluso sin la plata que hace falta, tenés que usar todo el ingenio que puedas”.
Francisco puso en marcha las ideas para optimizar los recursos y “cuando quería gestionar algo, no no podía pagar una licencia de mil dólares de un programa. Tenía que armarme yo un programa en Excel que hiciera algo parecido. Así empecé con todo eso”.
En la pelea diaria del tambo, hizo la especialización en lechería, luego trabajó durante siete años en la Facultad de UNL, asesoraba otras unidades productivas “en el barrio de Esperanza, Candioti y demás”, la tarea “me llevó a estar siempre lidiando con esta problemática del tambo mediano y chico que tiene que ingeniársela para sobrevivir y que creo que le están soltando la mano, últimamente, con un discurso feo en contra de los chiquitos y que no se los mira nunca”.
Chicos, pero profesionales
Para Candioti el desafío estaba claro.
“Siempre trabajé en cosas que tendieran a darle a los tambos
chicos la oportunidad de gestionar con nivel profesional, con alto
nivel, porque necesitan ser eficientes y eficientes y medio, digamos,
para poder tener con alguna visión de futuro”.
Su
tambo empezó con 100 vaquillonas, esa fue la inversión inicial y
actualmente tiene 520 animales, pasando de los 300 a los 1.200 litros
al año, en un sistema 100% pastoril, sin concentrado, ni raciones.
“Si
lo comparás linealmente con otros tambos parece muy poquito, pero en
términos de resultado por hectárea ya se pone más lindo, porque es
un sistema de tan bajo costo que no necesita tantos litros para
igualar el resultado económico de tambos más grandes”, sostiene.
La
comercialización es por sólidos. “Me la pagan bien, dentro del
promedio SIGLEA que está en 8,6–8,7% de sólidos, con 4,5–4,7%
de grasa y alrededor de 4% de proteína. Muy buenos valores. Pero no
me la pagan como leche ecológica ni pastoril, entro en las generales
de la ley”.
La
clave está en la eficiencia. Candioti cuenta que “Una vaca nuestra
cuesta más o menos un 1,6 litros por día en alimentación, a
precios de hoy. Son vacas que dan 8,5 o 9 litros promedio anual. Es
poco, pero la alimentación pesa muy poco en la ecuación y se puede
trabajar con cierta comodidad”.
Sin
pensar en batir récords de producción, sino en el resultado
económico y una perspectiva de crecimiento, “al final, lo que
importa es el resultado en plata, que además se traduce en bienestar
social”. Con tres personas trabajando en la unidad productiva,
ordeñan una vez por día, a las 4 de la tarde, para mejorar la vida
de las personas y con una lógica de jornadas de ocho horas, con
descanso intermedio, en lo que él describe como “una vida
ordenada, amigable”, con todos los servicios en el medio del campo.
Siendo
chicos, “la llave para hacer crecer un tambo así, chiquito y sin
acceso al crédito, es el crecimiento del rodeo, ahí está el
desafío”.
Crecer con lo propio
Quien
cuenta con su propia producción de vacas ya tiene resuelto entre un
60 y un 70% de la inversión, pero el verdadero desafío está en la
eficiencia de la gestión.
“Hoy
las vacas duran muy poco, tres lactancias y media en promedio. Eso es
un problema que se repite en la mayoría de los tambos chicos, donde
la administración del rodeo no alcanza niveles profesionales”.
La
figura del veterinario aparece como indispensable, aunque limitada,
porque las visitas al tambo se dan una o dos veces al mes; y los
datos que recoge suelen quedar en su computadora, llegando al
productor con retraso y perdiendo vigencia.
Frente a esa carencia,
Candioti recuerda sus primeros intentos de sistematizar la
información con un Excel llamado Perfil de Rodeo, que le resultó
útil pero frágil. La experiencia lo llevó a capacitarse en
programación y a avanzar. Primero surgió Crecimiento de Rodeo,
luego Mi Calculadora Lechera y Ración Lechera Simple, hasta
desembocar en el desarrollo de Mi Rodeo Lechero, lanzado hace unos
tres meses.
Rodeo de bajo costo
La
propuesta se distingue por su bajo costo. Mi Rodeo Lechero tiene un
período de prueba gratuito de 60 días y a partir de ahí la
suscripción cuesta 12 dólares cada 90 días, “menos que una
hamburguesa”, remarca.
La
aplicación permite cargar datos desde cualquier dispositivo
conectado a internet, proyectar escenarios a cinco años, identificar
cuellos de botella y poner la información en manos del productor.
“El programa te permite detectar rápidamente las vacas problema.
Si tenés 50 animales y descubrís que solo tres concentran los
inconvenientes, tu trabajo se vuelve mucho más eficiente”, dice
sobre la clave del desarrollo Francisco.
El diferencial frente a
otros software del mercado es evidente, mientras licencias
internacionales superan los 1.200 dólares anuales, Mi Rodeo Lechero
cuesta menos de 50. “Los programas existentes están pensados para
veterinarios y son caros. Yo lo que busco es que el productor chico
pueda profesionalizar su gestión sin que el costo sea una
barrera”.
Para respaldar su iniciativa, lanzó hace unas semanas
una encuesta entre 800 contactos, de la cual obtuvo 95 respuestas.
Los resultados confirmaron sus sospechas: en los tambos pequeños y
medianos, más del 80% de los registros se hacen en forma diferida,
en cuadernos o planillas dispersas, lo que genera fallas y
dependencia de la memoria. Además, gran parte de la información
termina en manos del veterinario, sin retornar al productor con la
agilidad necesaria.
“Lo ideal sería que el registro se haga
directamente desde el teléfono, porque todos lo tenemos en el
bolsillo. El primer paso es animarse a meterse con los datos,
familiarizarse con la información. Eso ya te empieza a cambiar la
cabeza”.
Está
convencido de que la profesionalización de la gestión de rodeo es
la llave para que los tambos pequeños ganen eficiencia y
sostenibilidad.
Ordenamiento fundamental
Esta
idea del bajo costo de mantenimiento de un programa puede ayudar a un
productor a ordenarse inicialmente, sobre todo para los tantos que
están dando los primeros pasos en la tecnología, en los datos y los
registros más actualizados.
“Veo
que los resultados a los que podés llegar con esta herramienta no
son diferentes a los que podés llegar con cualquier otra. Eso me
pone muy contento, porque en definitiva es algo que está disponible,
que es barato, amigable, que funciona y que encima aporta lo mismo
siendo de gran calidad, que está en mejora continua”, explica
Candioti sobre su desarrollo.
Quien
quiera acceder a estos desarrollos puede acceder de forma libre en el
sitio Milechería.ar en la pestaña superior de aplicaciones, donde
hay varias opciones para diferentes necesidades en los tambos. Se
incluyen también tutoriales para el uso de cada una de las apps, los
datos para mejorar el acceso, que con solo descargarlas y abrir la
sesión se puede empezar a trabajar y conocer más en el tambo
propio, con datos confiables.

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