Los trabajadores de Lácteos Verónica esperan que la gestión del Gobierno de Santa Fe los ayude a reactivarse
Por Elida Thiery (Bichos de campo) - Un cartel escrito a mano dice en la portada de la planta Lehmann de Lácteos Verónica, “Perseverancia Empatía”. Para la gente que viene padeciendo una crisis de ocho años, que desde hace más de uno sufre la interrupción en el cobro de salarios; y que desde el inicio de febrero no recibe ni un peso en su cuenta bancaria, las dos palabras tienen un sentido de motivación en medio de tanto pesar.
Quedó lejos aquel acuerdo para producir a fasón, que de septiembre a enero al menos les permitía tener pagas semanales y tener actividad. Hubo incumplimientos con las empresas que tercerizaban su producción y no se pudo renovar.
Los trabajadores se ven ante un gremio que no apura soluciones, que descartó una mínima reactivación para la planta de Clason, que sólo aparece al inicio del mes para sugerir el envío de nuevos telegramas de reclamos; y que sobre todo, decidió por segunda vez llevar el conflicto a la Secretaría de Trabajo de la Nación para que se vuelva a adormecer.
Es así que después de mucho idear alguna alternativa posible, de seguir pasando días y noches en un gazebo instalado al lado de las rejas, el pasado jueves un grupo de trabajadores de Lehmann se organizó y llegó a la Legislatura de Santa Fe.
Algunos se reunieron con diputados y otros con senadores de los departamentos afectados, para exponer la situación e intentar delinear una estrategia que les permita sobrevivir en medio de una paralización absoluta y un silencio inexplicable por parte de la familia Espiñeira, que no reacciona ante semajante caos.
La intención es poder generar una suerte de alternativa legal, temporaria, para poder poner a trabajar a las plantas, al plantel de recursos humanos y reiniciar de alguna manera la cadena de pagos.
Es así que pudo confirmar Bichos de Campo que será este miércoles a la hora 17 en la ciudad de Santa Fe, donde nuevamente los legisladores reciban a representantes de las tres plantas, trabajadores y no referentes sindicales, junto a los ministros de Trabajo y de Desarrollo Productivo de la provincia de Santa Fe.
Aunque en los encuentros de días atrás se puso énfasis en pedir “que no haya diferencias con Atilra”, queda clara la distancia que el propio gremio generó con falta de gestión, de apoyo, incluso desoyendo el pedido de la presencia del Secretario General a nivel nacional, ante las familias afectadas de forma directa, o con las ausencias de algunos secretarios generales zonales en encuentros clave y en la comunicación de instancias.
La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina no tienen en Lácteos Verónica los intereses que si en SanCor, es por eso que la intensidad de acciones difiere, incluso en las ayudas a los 700 trabajadores.
Es la gente la que sobrevive como puede. Todos hablan de depender de “changas” para comprar comida, de liquidar ahorros para el pago de alquileres. Algunos hicieron rifas para Pascuas. Todos tienen la expectativa de recuperar su vida habitual, la de un trabajo de años, que les permitía vivir, criar hijos y planificar un futuro. Para muchos el único sustento fue la entrega que la empresa hizo de cuatro o cinco hormas de quesos, que son lo últimos del stock, para revender y sobrevivir, aunque las etiquetas estén mufadas y no sea la forma adecuada de hacerse de fondos.
Hay pocos que están es búsqueda activa de trabajo, otros que ya se dieron por despedidos al conseguir otro trabajo formal e inician un camino judicial de reclamo.
Son los salarios pendientes desde diciembre, con el aguinaldo, los que no permiten mirar con claridad todo lo que pasa en medio de la quietud que los dueños de la empresa se empeñan en sostener, por el simple hecho de no depender de la láctea para sustentarse.
Lo de Lácteos Verónica es un caso insólito en el sector. Con marca, productos y tradición centenaria no se entiende el freno, el capricho de no reactivarse, de no vender plantas, de no presentarse a un concurso de acreedores con una deuda cada día peor, donde se abarcan trabajadores, tamberos que durante décadas fueron de confianza, prestadores de servicios o vendedores de insumos.
No hay lógica en un conflicto familiar que le pega de lleno a tantas personas y comunidades, que se deja pasar desde el sindicato, que en el Gobierno Nacional no tiene peso y que sólo depende de la voluntad de Santa Fe, no para hacerse de fondos, pero sí para encontrar una garantía de materia prima, elaborar productos e intentar resucitar lo que un día fue un gran negocio, una muestra de la potencia lechera argentina.

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